SIEMPRE ANTONIA

Pocos confiaban en que aquel niño bajito que corría por los campos de tierra del barrio pesquero de Santander, se fuera a ganar la vida dentro de un terreno de juego. Tan sólo su familia, el apoyo de Laureano Ruiz , entrenador de la Escuela Municipal de Fútbol de Santander y los bocadillos de tortilla de patata que su abuela Antonia le preparaba para después de cada entrenamiento, eran los únicos soportes morales que aquel niño tenía para abrirse camino como futbolista.
Años más tarde, y tras ser rechazado en no pocos equipos por su corta estatura, llegó a Primera División después de pasar por las categorías inferiores del Racing de Santander. Cuando el club santanderino decidió subirle su ficha, Munitis lo tuvo claro: con ese sueldo le regaló a su padre un barco pesquero al que bautizó como 'Siempre Antonia'. La de los bocadillos de tortilla de patata.

