LA CALVA DE KABIR

Que mejor manera que inaugurar este blog con una de esas personas que pasan de puntillas por este circo, pero que han dedicado gran parte de su vida al mundo del fútbol. Es el caso de Kabir Naná, fisioterapeuta del Real Zaragoza durante 21 años y que se marchó de éste club con la misma discrección con la que presidió su trayectoria como zaragocista.
Como muestra de la categoría humana de este hombre, aquí transcribo la entrevista realizada por Mario Ornat para Heraldo de Aragón el 2 de junio de 2004:
A usted, tan reservado, las entrevistas lo incomodorán.
Me parece casi mentira que me estén haciendo tantas. En mi vida yo no he hecho más que hacer mi trabajo, cuidar a la gente que se ponía a mi cargo. Los protagonistas son los jugadores.
Más de 20 años en el Zaragoza.
Han sido 21. Llegué en el 83, el mismo día que Enzo Ferrari y Cedrún. Recuerdo que aguardaba en una habitación y el presidente estaba reunido en la de al lado con Ferrari. Me fichó directamente Armando Sisqués. Yo trabajaba en un centro médico que había montado Marcelino. Sisqués era muy coqueto, un gran hombre que se cuidaba y venía por allí. Un día me dijo: "¿Y si te propongo un trabajo?". Me parecía mentira, pero salió. Sainz de Varanda también venía y me dijo: "Ahora para que me atiendas tendré que hacerme futbolista".
Sólo Jesús Villanueva supera su estancia en el primer equipo.
Lleva cuatro años más. Trabajar con él ha sido una maravilla, Jesús es un señor y un buen amigo. Es un jefe de diez.
Nació en Pakistán, vivió en Londres y luego vino a Zaragoza.
Llegué en el 77. Vine para vivir aquí con mi mujer, que es decoradora y tenía una tienda. Durante un tiempo trabajé ayundándola en Borja, y cuando ya sabía hablar castellano vine a Zaragoza. Entonces no había tenta gente que hablase inglés como ahora, y yo no quería hacer idiota.
¿Estudió en Londres?
En Pakistán hice hasta tercero de medicina. Luego me marché a Londres y trabajé en lo que he trabajado siempre. Con 23 años conocí a mi mujer, ella tenía 20. Fue amor a primera vista, en tres meses estábamos casados: tuvimos dos gemelos y con siete años nos los trajimos aquí. Aun con nombres paquistaníes, son más aragoneses que otra cosa.
Usted ha vivido en unos cuantos países y habla varios idiomas.
Mi padre pertenecía al cuerpo diplomático, viví en Japón, Canada, Australia, Arabia Saudí... Hablo bien inglés, español, paquistaní y árabe. Y chapurreo alguno más.
¿Y de dónde se siente?
Soy más aragonés que cualquier otra cosa. He vivido en muchos países pero Zaragoza es impresionante. No sé si por el trabajo, por la gente, pero es otra cosa.
¿Cómo era el "swinging London" para un joven paquistaní?
Yo venía de un país de la Commonwealth, así que tenía muchos más derechos. No me hacía falta ningún permiso. Un español o un frances tenían que dedicarse a trabajos domésticos, pero yo podía hacer cualquier cosa.
Se dice que trabajó con Henry Cooper, el primer hombre que tumbó a a Mohammed Ali.
Al gimnasio venían muchísimos grandes deportistas. Como aquí o a partir de ahora en Marbella: puede venir un señor anónimo o una gran estrella del deporte.
¿Y por qué tanto misterio alrededor de su vida?
No sé, dijeron que yo había huido y no sé que más. ¡Yo no he saltado de ningún barco en mi vida!
Y que pidió asilo político en Londres por razones inconcretas...
¡Ni hablar! Llegué en un avión, como todo el mundo.
La leyenda se completa con la idea de que no puede regresar.
Por supuesto que puedo. Sólo que la familia va creciendo, los viajes son muy caros, todo se complica.
¿Ha vuelto a Pakistán?
Una vez, cuando falleció mi padre. Hace casi 26 años.
O sea, que no tuvo que entrar como un fugitivo en el país...
No, hijo mío, no (risas).
¿Es cierto que jugó los Juegos Olímpicos en hockey hierba?
Sí, en Roma. Pero digamos sólo que jugué en la élite, sí.
¿Por qué deja el fútbol?
Porque tengo 63 años y quiero vivir otra experiencia antes de retirarme, probarme en un trabajo distinto. Me voy a un centro en Marbella, donde tengo un apartamento. Me ofrecieron un puesto allí y me apetece darme ese gusto. El fútbol es muy bonito, pero no vives. Si vas bien, porque vas bien; si estás abajo, porque bajas.
¿Cúal fue su peor momento?
El descenso. ¿El mejor? El domingo pasado. Ese homenaje fue un bombazo, Aguado lo merecía, y también muchos más jugadores.
¿Cuál es el secreto de su especial relación con los futbolistas?
Los jugadores son muy especiales. El futbolista te prueba, te tira un cebo, para saber si hablas con la prensa, si lo traicionas... Tienes que ser muy padre que él confíe en ti. Nosotros somos muy discretos con nuestros trabajos. Nunca hemos contado nada del vestuario. Con ellos he tenido una relación profesional, me han pedido consejos para decisiones personales, les he hechado broncas. Como un padre con un hijo.
¿Y nunca le contestaron?
Nunca ninguno me ha dicho: "Oye, que esto no es asunto tuyo". he tratado de ciudarlos y de tenerlos contentos. He hablado con ellos y nos hemos reido mucho.
¿Le gustó que le homenajearan?
Me engañaron. Si lo sé no voy. Pasé un mal rato: en medio de un homenaje a un gran hombre y de la despedida de Pablo, caso me dieron más bola a mí. Fue un gran día, no lo olvidaré jamás.
¿Cuántas veces le han besado la calva para celebrar un gol?
Uf, muchísimas. El primero fue Higuera. Le dije que marcaría al Barça y él contestó que lo veía difícil: "Si marco, voy al banquillo y te beso la calva". Y así ocurrió.
Y desde entonces, usted los bendecía y ellos marcaban un gol.
Eso, el último fue Cani. No sé por qué la gente dice "Yordigol". ¡Debería ser Kabirgol!

